jueves, 1 de febrero de 2007

El fantasma

Vivimos nuestras vidas acosados por fantasmas. Su existencia resulta irrefutable; ya que, sean reales o no, nuestra creencia en ellos les da poder para afectarnos, para tocar sentidos y sentimientos, para existir.

Los hay de distintos tamaños, distintos signos, distinta influencia.

Algunos corresponden a seres que ya dejaron de existir físicamente, y vagan el mundo buscando alguna misión imposible, o se olvidaron el camino a su hogar, o perdieron su mapa, o el tren a su destino. Por lo general no son peligrosos, solo generan un poco de miedo, y rara vez llegan a afectarnos, un fuerte grito, correr un poco y listo. También hay algunos que nos generan sensación de bienestar, o recuerdos, incluso algunos bromistas que parecieran divertirse en su condición.

Los peligrosos los llamamos fantasmas del pasado, y por lo general aun están en plena vida, aun cuando en nuestras mentes nos forzamos a ignorarlos, olvidarlos, enterrarlos en lo más profundo del rencor, tratar de que no vean más la luz. Tristemente, a esta clase de fantasmas no les gusta ser ignorados. Peor aún intentan por todos los medios darse a conocer, nos persiguen donde estemos, como si su único fin fuese causar daño.

Para potenciar su mal, están equipados con algún dispositivo desconocido para nuestra ciencia, que parece tener el modo de indicar nuestros momentos de debilidad. Incluso existe otra versión del mismo, que detecta cuando todo en nuestra vida aparenta estar muy bien, indicándole que es el momento perfecto para atacar; Y es que como en las guerras, el factor sorpresa causa daños muchos mayores entre los sorprendidos.

Aún cuando el fantasma parecía darse por vencido, haberse resignado al olvido, este dispositivo los trae de inmediato hacia nosotros, sin importar cuán distante lo creíamos, o cuán distante se creía el mismo. Incluso a veces lo trae tan rápido que no llega a detenerse, chocándonos con toda su fuerza. Tal vez por una cuestión de física, mientras mas distante estaba, mas fuerte nos impacta, llegando incluso a causar lesiones anímicas pronunciadas.

Pero no desespere, recuerde que su existencia se basa en nuestra creencia en el. Toda su capacidad para afectarnos viene de nosotros mismos. Es fundamental entonces, aun ante su presencia física, o mediante medios virtuales, o incluso su simple recuerdo; concentrarnos en no creer en el. No importa que tanto se esfuerce, si no creemos sus palabras, sus gestos, sus manifestaciones, su existencia quedara delimitada para si mismo, volviéndonos inmunes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sukami: muy bueno, muy creativo esto de los fantasmas, aparte de ser una tematica copada e interesante le hallaste un sentido util que da para pensar.