De pronto perdió la esperanza.
Siempre había intentado llegar tan lejos, pero tenía la ilusión de que le siguieran. No fue así.
Por alguna razón, su logro paso desapercibido, despreciado tal vez. Por algún motivo, aún siendo la prueba misma de que era posible, nadie le creyó.
Y de pronto, perdió la esperanza.
Estaba tan alto que le costaba respirar. Estaba tan lejos que apenas lograba divisar alguna silueta. Estaba sí, tan distante, que ya nos veía distantes. Por algo nadie le observó. No lo entendía, pero así era, sin mas, su logro se perdió en el tiempo.
Y así de pronto, perdió la esperanza.
El increíble esfuerzo realizado durante tanto tiempo le había quitado la energía. Ya no había fuerza para volver, mucho menos voluntad. Es que ya no podía seguir luchando; es que ya no quería ser su sombra, es que ya no creía en su reflejo.
Y de pronto, perdió la esperanza.
Ya nadie siquiera imaginaba su paradero, ya a nadie le importaba. Se quitó sus sueños de ángel. Se regaló a la derrota. ¡¿Cómo es que no me ven?! ¡¿Por qué ni siquiera me notan?! Gritaba en su soledad, pero ya ni su eco respondía.
De pronto, perdió la esperanza.
Se juró ya no insistir. Se dejó morir en vida. Es que tan lejos las fobias, se reciclaban mentiras. Es que tan alto su vértigo, se había vuelto melancolía. No hubo en verdad detonante. Nadie lloraba. Nadie reía. Se juró ya no insistir. Se dejó morir en vida.
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