martes, 13 de marzo de 2007

Fin del viaje

Regrese. Lleno de anecdotas.
Viaje, vacaciones, huida. Planeado. Improvisado. Recordado.

El tan esperado viaje a gualeguaychú termino por extenderse hasta el extremo norte de la mesopotamia, Puerto Iguazú.
Por supuesto, no fue fácil. Viajamos en tren, en micro, a dedo, caminamos. Todo fúe valido para extender nuestro destino. Incluso subimos por unos minutos a un tren de carga, pero la inminente tormenta nos recomendó bajar...

Fotos de a miles. Paisajes, animales, plantas y flores; incluso de gente, los que desfilaban en el carnaval, los que nos ayudaron a llegar a destino, aun sin tener en claro cual era, los que nos brindaron tantas charlas enriquecedoras, y tambien, algunas en las que hasta aparezco yo.

Pero al pensar en cuánto fotografie, solo noto cuanto me falto. Aún si hubiese grabado todo el viaje, faltarían las emociones. Aún si escribiera cada detalle, me sería dificil sino imposible describir esa sensación. Mi diario de viaje, escrito en secreto, mas el diario de viaje del grupo, no podrian siquiera conformar una idea para quien no estuvo ahi.

Tantos sentimientos sin nombre.

Ver que el carnaval se hace aún bajo la lluvia, como en rebelion contra los propios dioses.
El festejo de los 30 años de Papelitos, la comparsa que cierta parienta lejana fundara con niños y trajes de papel. Claro, hoy los trajes son bikinis, lentejuelas, plumas, mostacillas y demas, y los llevan hermosas mujeres, pero el espiritu, el mismo espiritu, festejar la vida misma, celebrar las ganas de celebrar.
Bailar entre la batucada a torso descubierto, con tantos kilos de agua como nuestra ropa fue capaz de absorver.


El contraste de encontrarte en una cuidad que no conoces bien, completamente mojado, sabiéndote muy lejos del camping.
O descubrir que en el camping no había agua caliente, ni luz, y que el rió casi se lleva la carpa.
Encontrar puertas abiertas, donde comer, donde dormir, donde lavar y secar todo.

Todas las veces que conocidos y desconocidos conocidos en el momento, nos ayudaron tanto para que nuestra utopía dejara de ser.
Cada charla con tanta buena gente, como la señora que al despedirse en misiones olvido decir su nombre, como la señora en Larroque que nos abrió el portón del teatro para que nos refugiáramos de la tormenta, como los chicos y chicas en el tren que me hicieron olvidar que serian 24 horas de viaje, o en un café de Gualeguaychú, esa pobre mujer perseguida por fantasmas.

El amanecer entre los arroyos de corrientes.
Ver la garganta del diablo.
Bañarse en el pileton natural que formo un salto de agua escondido en el medio de la selva. Contemplarlo.
Caminar 6 Km. por la selva sin saber bien el rumbo, o el camino de regreso, y que tanta distancia se volviera mucho menor en nuestra mente.
Sentir la presencia de tanta vida, aun sin verla.
Practicar el inglés, el francés, el alemán.
Dormir tan poco y soñar tanto.
Que el cansancio no se sintiera sino hasta regresar.

Que maravilla, en todo nuestro recorrido, cada charla empezó con un "buen día" y termino con un "gracias". Es mas, todo lo que se pedía era un poco de respeto, algo de amabilidad, y todos concordaban en ser serviciales, cordiales. Fue como visitar un libro de hadas, felices para siempre.

Si recuento viajé 35 horas en trenes, 30 en micros, 216 en mi propia fantasía, 216 en la misma realidad.

En algún momento dormí, pero no lo recuerdo. Por lo que veo dormí poco, pues ahora me ataca el sueño.

Regrese, de nuevo a la oficina, siento ganas de volver, pero también de seguir conociendo. Tan grande este país, nunca había notado lo poco que conocía. De nuevo me picó la duda, si el próximo viaje volveré, o de quien será mi guía. Como sea, creo que este viaje se gano un buen lugar en mi memoria, textos, fotos y anecdotas que perdurarán por mucho mas de lo esperado.

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