Ella estaba lagrimeando junto a la ventana. No la llegaba a ver bien, pero creo que ya reconozco esas cosas.
El contraste con mi felicidad tan trabajada me mantuvo inmóvil, aun si decidir si acercarme.
Habrá pasado un minuto, o quizás menos, y ya estábamos en clase de baile, con la calidad y calidez que nos tiene tan acostumbrados. Y yo entonces no entendí si admirar su profesionalismo, su voluntad o su esfuerzo.
Quizás fue mas fuerte el grito de la clave llamando al baile que el barullo que la tiene atormentada.
No creo que me considere un amigo, ni se siquiera hasta donde llega su confianza. Y por eso entiendo que no cuente que la tiene mal.
Pero es que hay personas que te encandilan, y el día en que les roban el brillo, pues todos desesperan por volverlas a encender.
Quisiera poder ayudarle. A veces ayudar es una charla, incluso a veces un monologo.
Hay veces que solo hace falta enhebrar la aguja, y dejar coser los parches, mirando simplemente que nadie se vaya a pinchar.
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3 comentarios:
:)
Que lindo estar ahora en el mar.
off, no sé q pasó, era maru la que dijo eso.
En
"Y por eso entiendo que no cuente que la tiene mal."
El segundo que lleva acento. Sino cuesta mucho interpretarte...
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