martes, 19 de junio de 2007

Temores

Había una vez, una pequeña historia que rechazaba las analogías.
Las creía raras, cobardes, y hasta malvadas. Y por eso en cada letra que agregaba el escritor, temía encontrarse con alguna, pensando que estropearían su hermoso mensaje.
De algún modo logro contarle sus miedos al narrador, quien aceptó gustoso protegerla, aún sin entender el porque de sus fobias.

Así, pagina tras pagina, nuestra historia fue creciendo mas y mas, y ciertamente fue original y directa. Con cada oración se fue volviendo mas y mas bella, aún sin saber a ciencia cierta su final.
Pasó el tiempo, las sensaciones y las opiniones, y tal vez por culpa de ellas, o tal vez por la falta de imaginación, ocurrió lo lógico, lo trágico, lo indeseado.
Sucede que a veces la belleza es maldición.

Ocurrió que, como todos saben, cuando algo es demasiado dulce, termina por volverse empalagoso.
Y ahí, como habrán notado, se coló una analogía, que sin ser demasiado evidente, fue lo suficientemente fuerte como para hacer que nuestra historia llorase. Y llovió tan fuerte en su fantasía, que empaño las ventanas, borroneó la tinta y mancho las blancas hojas del autor.
Claro, ya hacía tanto tiempo que las había olvidado, que solo ver una de lejos le causó el mayor de los temores, y así la historia mas maravillosa termino en un final no tan feliz.
Porque como bien sabemos, los finales felices son simples analogías a nuestros deseos.

Por eso niña, no me pidas que no use analogías, es como pedirme que no use tildes, que escriba sin sentimientos, o que empuje sueños a la luna.



-Para maru, aunque quise hacerte caso. Será que así soy yo.-

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