A veces creo que es un imán de la desgracia.
No viste de negro, ni exagera el maquillaje. Camina desapercibida entre la multitud.
Hace ya mucho tiempo la conozco.
La vida quizo cruzarla en mi camino. Y ella, confundida, se encargo de lastimar.
A veces quisiera poder odiarla.
Que al menos no me importe. O que me olvide y no vuelva mas.
No me permito culparla.
No puedo quitarme esa maldición. No quiero que esté mal.
Pero es que a veces es un imán de desgracia.
No lo hace a propósito, no es consiente. Anda siempre perdida entre la multitud.
Nadie le dio nunca un lugar.
Se aferra a lo poco que tiene. No tiene ganas de tener nada.
A veces quisiera amarla.
Pero eso ya lo intente. Es imposible, no sabe que es el amor.
No le permití rendirse.
Aún no se bien porque. Debe haber una forma de que este bien.
Pero es que a veces es un imán de desgracias.
martes, 22 de mayo de 2007
jueves, 17 de mayo de 2007
Letras
Existió una vez, una pequeña palabra, que por nuestros días se fue olvidando.
Era amiga de muchas otras. Era amiga de Mi, de Tu, de Su, de Nuestro, de Vuestro.
Con el tiempo y las alianzas, se fue ganando muchos sustantivos. Hasta incluso se gano el respeto de todos los de su raza. Es que su forma de ser era mucho mas atractiva.
Las peleas contantes con sus viejos amigos la fueron alejando mas y mas, con cada vez que competían por algún puesto en las oraciones. Así fue que ya enojada, ella misma les dio el nombre con el que los seguimos llamando, Adjetivos Posesivos.
Claro, en el mundo de las palabras, la guerra contra el comunismo se dio mucho antes que acá.
Nuestra palabra no encajaba con los adjetivos posesivos, justamente por no creer en la propiedad.
Era esa palabra con la que se presentaba a la novia, a los amigos, a las mascotas. Sin generar la falsa idea de poseción, como si nos debieran algo mas que el afecto mutuo. No marcaba propiedad, marcaba relación.
Lástima, esas ideologías no son bien vistas por los no pensantes.
La pobre se tuvo que ir escondiendo, cada vez con mas miedo de aparecer, aunque los sustantivos la llamaran a los gritos.
Temía que la atraparan, que la acusaran por ser distinta, que la atacaran por ser quien es.
La tan triste historia, nos cuenta que así fue.
Una noche fría como tantas otras. Solo que esta noche, los verbos mas horribles la descubrieron.
Corrió tanto como pudo, intentó escapar en todas las direcciones, pero en esas horas no hay escritores despiertos.
Rodeada. Gritó. Gritó muy, muy fuerte. Pero ningún sustantivo la pudo ayudar. Los adjetivos posesivos, que alguna vez se dijeron amigos, solo se quedaron viendo, como secuestraban las ultimas letras del amor.
Desaparecidos. Así llamamos a los que ya no están, a los que sabemos que fueron secuestrados, que de seguro sufrieron cosas horribles, y probablemente asesinados.
Pero no les decimos muertos. Quizás porque en el fondo, existe una esperanza de volverlos a ver.
Asi que en eso ando, por eso contaba esta historia.
La ando buscando, aún sin saber donde buscar.
Para encontrarla, para abrazarla.
Para presentarsela al mundo, y que la ayuden a crecer.
Asi que en algún lado está. Al menos es mi esperanza.
Escondida en lo mas oscuro, tal vez. De seguro, temerosa.
Quizás aun sienta rencor por nuestro olvido.
O quizás aun siga debil de aquel recuerdo.
Si alguien la llega a ver, cuiden bien de ella. Que sepa que aún es amada.
Si no la ven no me crean loco. Mientras sigo buscando esa palabra.
Era amiga de muchas otras. Era amiga de Mi, de Tu, de Su, de Nuestro, de Vuestro.
Con el tiempo y las alianzas, se fue ganando muchos sustantivos. Hasta incluso se gano el respeto de todos los de su raza. Es que su forma de ser era mucho mas atractiva.
Las peleas contantes con sus viejos amigos la fueron alejando mas y mas, con cada vez que competían por algún puesto en las oraciones. Así fue que ya enojada, ella misma les dio el nombre con el que los seguimos llamando, Adjetivos Posesivos.
Claro, en el mundo de las palabras, la guerra contra el comunismo se dio mucho antes que acá.
Nuestra palabra no encajaba con los adjetivos posesivos, justamente por no creer en la propiedad.
Era esa palabra con la que se presentaba a la novia, a los amigos, a las mascotas. Sin generar la falsa idea de poseción, como si nos debieran algo mas que el afecto mutuo. No marcaba propiedad, marcaba relación.
Lástima, esas ideologías no son bien vistas por los no pensantes.
La pobre se tuvo que ir escondiendo, cada vez con mas miedo de aparecer, aunque los sustantivos la llamaran a los gritos.
Temía que la atraparan, que la acusaran por ser distinta, que la atacaran por ser quien es.
La tan triste historia, nos cuenta que así fue.
Una noche fría como tantas otras. Solo que esta noche, los verbos mas horribles la descubrieron.
Corrió tanto como pudo, intentó escapar en todas las direcciones, pero en esas horas no hay escritores despiertos.
Rodeada. Gritó. Gritó muy, muy fuerte. Pero ningún sustantivo la pudo ayudar. Los adjetivos posesivos, que alguna vez se dijeron amigos, solo se quedaron viendo, como secuestraban las ultimas letras del amor.
Desaparecidos. Así llamamos a los que ya no están, a los que sabemos que fueron secuestrados, que de seguro sufrieron cosas horribles, y probablemente asesinados.
Pero no les decimos muertos. Quizás porque en el fondo, existe una esperanza de volverlos a ver.
Asi que en eso ando, por eso contaba esta historia.
La ando buscando, aún sin saber donde buscar.
Para encontrarla, para abrazarla.
Para presentarsela al mundo, y que la ayuden a crecer.
Asi que en algún lado está. Al menos es mi esperanza.
Escondida en lo mas oscuro, tal vez. De seguro, temerosa.
Quizás aun sienta rencor por nuestro olvido.
O quizás aun siga debil de aquel recuerdo.
Si alguien la llega a ver, cuiden bien de ella. Que sepa que aún es amada.
Si no la ven no me crean loco. Mientras sigo buscando esa palabra.
lunes, 7 de mayo de 2007
Humanos
Es que hay gente que nace sin maldad. Tal vez porque la esquivaron a tiempo. O quizá no la conocieron sino hasta chocarla, pero ya en este lado del umbral.
La mitología los llamo ángeles, insegura de considerarlos parte de nuestro mundo.
Ocurre que al notar grandes valores, les quitamos la categoría de humanos.
Preferimos llamar genio al que piensa por demás, loco a quien se atreve a desafiar las normas sin sentido, ángel a quien no cree en la maldad.
No importa el nombre que le regalamos. Solo importa quitarles la categoría de humano.
Será nuestra única defensa, para evitar compararnos con ellos. La excusa perfecta, nombrarlos como excepción, para exceptuar vernos inferiores. Claro, de este modo me transformo en un buen hombre, en inteligente, en cuerdo, en lo que sea. Todo, todo lo que no requiera destacarse, esta al alcance de la mano.
El caso es que lo puedes ver en los ojos. Aunque no caigan las máscaras que los mantienen imperfectos, se puede ver la verdad, solo hay que saber mirar. Aprender.
El tiempo es un gran maestro. El único que no cobra sueldo, que no hace paros para reclamar milagros, que no corta rutas por intereses políticos. Pero por sobre todo, es el único que se dedica realmente a enseñar, desde que abrimos los ojos hasta que nos da la buenas noches, regalándonos cada vez una fantasía.
El me enseño a mirar. Mas allá de los colores, de los tamaños, de las lentes de contacto y el brillo del maquillaje. Uno aprende a ver los sentimientos, mucho antes de que puedan sorprender.
Estoy afortunadamente rodeado de amigos, ángeles, genios, locos. Lo veo cada día, cada charla, cada mate. Potencialmente inhumanos, de seguro. Y no puedo evitar preguntarme si seré uno de ellos, o si soy quien los mantiene a este lado de la fantasía, a modo de referencia de imperfección, como el tallador de sus máscaras.
Es todo un desafío. Es que no hay espejo que me ayude. No porque se niegue, es solo que mis ojos hace años me vienen abandonando. Se bien como soy con anteojos. Pero si me los quito, dificilmente diferencio mas que siluetas.
Da igual, de nuevo el tiempo sabrá demostrar. Cada lección a su momento.
Por lo pronto, soy un buen hombre, cuerdo e inteligente.
O será que no puedo ver mas alla de mi máscara.
La mitología los llamo ángeles, insegura de considerarlos parte de nuestro mundo.
Ocurre que al notar grandes valores, les quitamos la categoría de humanos.
Preferimos llamar genio al que piensa por demás, loco a quien se atreve a desafiar las normas sin sentido, ángel a quien no cree en la maldad.
No importa el nombre que le regalamos. Solo importa quitarles la categoría de humano.
Será nuestra única defensa, para evitar compararnos con ellos. La excusa perfecta, nombrarlos como excepción, para exceptuar vernos inferiores. Claro, de este modo me transformo en un buen hombre, en inteligente, en cuerdo, en lo que sea. Todo, todo lo que no requiera destacarse, esta al alcance de la mano.
El caso es que lo puedes ver en los ojos. Aunque no caigan las máscaras que los mantienen imperfectos, se puede ver la verdad, solo hay que saber mirar. Aprender.
El tiempo es un gran maestro. El único que no cobra sueldo, que no hace paros para reclamar milagros, que no corta rutas por intereses políticos. Pero por sobre todo, es el único que se dedica realmente a enseñar, desde que abrimos los ojos hasta que nos da la buenas noches, regalándonos cada vez una fantasía.
El me enseño a mirar. Mas allá de los colores, de los tamaños, de las lentes de contacto y el brillo del maquillaje. Uno aprende a ver los sentimientos, mucho antes de que puedan sorprender.
Estoy afortunadamente rodeado de amigos, ángeles, genios, locos. Lo veo cada día, cada charla, cada mate. Potencialmente inhumanos, de seguro. Y no puedo evitar preguntarme si seré uno de ellos, o si soy quien los mantiene a este lado de la fantasía, a modo de referencia de imperfección, como el tallador de sus máscaras.
Es todo un desafío. Es que no hay espejo que me ayude. No porque se niegue, es solo que mis ojos hace años me vienen abandonando. Se bien como soy con anteojos. Pero si me los quito, dificilmente diferencio mas que siluetas.
Da igual, de nuevo el tiempo sabrá demostrar. Cada lección a su momento.
Por lo pronto, soy un buen hombre, cuerdo e inteligente.
O será que no puedo ver mas alla de mi máscara.
domingo, 6 de mayo de 2007
Eres
El corazón mas tierno. Tan atractiva a los ojos, como dulce a la mirada.
Por fuera tu coraza, que pareciendo tan dura, resulta hacerse quebradiza...
Será que a veces te confundo con un Bon o Bon.
Por fuera tu coraza, que pareciendo tan dura, resulta hacerse quebradiza...
Será que a veces te confundo con un Bon o Bon.
viernes, 4 de mayo de 2007
Emergencia
Ya cuando volvía de alguno de esos viajes, el destino me jugó una broma pesada.
El colectivo tomó la ruta habitual. Solo que esta vez te cruzaste en esa ruta.
No me causó gracia. Mas bien causo dolor, impotencia, frustración, desesperacion.
De seguro, mis ojos suelen fallar. Pero esa forma de sentirte cerca, nunca estuvo equivocada.
Por supuesto, la mente en esos casos se bloquea. No mucho tiempo, tal vez sean solo unos segundos, pero de seguro es mas que suficiente. Suficiente tiempo para sentir la ausencia de respiración, para que te duela el estómago, y sentir algo de nauseas. Mas que suficiente tiempo para que un colectivo desesperado por llegar a Mar del Plata te pase por al lado sin darte demaciada importancia.
Pegué las cejas al vidrio. Estaba húmedo, pero no mas que mis ojos. Y saqué miles de fotos en mi mente. Pronto quedaste fuera de foco, de nuevo los lentes resultaron insuficientes. Igual creo que no habría otra cámara que pudiera captar tu esplendor.
Creo que me llegaste a ver. O al menos te volteaste, como buscando algo en el micro. En ese instante una etiqueta en el vidrio distorsionó nuestro encuentro. Esas frases de seguridad que uno nunca lee.
Entonces siguió todo un viaje de lagrimones, de no saber si volveré a verte. Fueron varias horas, de muchos días, de tantos meses, pensando en aquel instante. En lo cruel que fue el destino, en la paz que me dio verte, la magia de sentirte cerca, la luz de tu alrededor. El verde cielo de tus ojos, los retazos de tu amor, los sueños rotos en penas y la locura de creernos eternos.
Pero mi mente, siempre traidora, solo se concentro en esa frase, que te había escondido entre sus letras por algunos instantes. Descubrí que era un consejo, que de tan loco resultaba coherente, que no supe leer en el momento, que fue la posibilidad de otro final.
Final de novela cursi, seguro, pero había tanta seguridad en sus palabras que dificilmente podría estar errado.
"En caso de emergencia, rompa el vidrio con el martillo"
El colectivo tomó la ruta habitual. Solo que esta vez te cruzaste en esa ruta.
No me causó gracia. Mas bien causo dolor, impotencia, frustración, desesperacion.
De seguro, mis ojos suelen fallar. Pero esa forma de sentirte cerca, nunca estuvo equivocada.
Por supuesto, la mente en esos casos se bloquea. No mucho tiempo, tal vez sean solo unos segundos, pero de seguro es mas que suficiente. Suficiente tiempo para sentir la ausencia de respiración, para que te duela el estómago, y sentir algo de nauseas. Mas que suficiente tiempo para que un colectivo desesperado por llegar a Mar del Plata te pase por al lado sin darte demaciada importancia.
Pegué las cejas al vidrio. Estaba húmedo, pero no mas que mis ojos. Y saqué miles de fotos en mi mente. Pronto quedaste fuera de foco, de nuevo los lentes resultaron insuficientes. Igual creo que no habría otra cámara que pudiera captar tu esplendor.
Creo que me llegaste a ver. O al menos te volteaste, como buscando algo en el micro. En ese instante una etiqueta en el vidrio distorsionó nuestro encuentro. Esas frases de seguridad que uno nunca lee.
Entonces siguió todo un viaje de lagrimones, de no saber si volveré a verte. Fueron varias horas, de muchos días, de tantos meses, pensando en aquel instante. En lo cruel que fue el destino, en la paz que me dio verte, la magia de sentirte cerca, la luz de tu alrededor. El verde cielo de tus ojos, los retazos de tu amor, los sueños rotos en penas y la locura de creernos eternos.
Pero mi mente, siempre traidora, solo se concentro en esa frase, que te había escondido entre sus letras por algunos instantes. Descubrí que era un consejo, que de tan loco resultaba coherente, que no supe leer en el momento, que fue la posibilidad de otro final.
Final de novela cursi, seguro, pero había tanta seguridad en sus palabras que dificilmente podría estar errado.
"En caso de emergencia, rompa el vidrio con el martillo"
miércoles, 2 de mayo de 2007
El Hobbit
La vida seguía corriendo, aunque el no sabía caminar. Cada vez que apretaba el paso, se encontraba un tropiezo, que terminaba en un fuerte golpe, y estar de nuevo en el piso.
Levantarse siempre fue difícil, eso no hay quien lo niegue. Hay que sanar las heridas, soportar el dolor, y recuperar el equilibrio. Ignorar los traidores que disfrutaron la caída.
La experiencia al menos le enseño a minimizar el impacto. La primera vez dolió mucho mas, pensaba como consuelo, sintiéndose así mas fuerte cada vez que tocó el suelo.
Al menos ya no caía dos veces en la misma piedra. Al caer la tomaba rencoroso y la arrojaba tan lejos como le fuera posible. Aunque así fueran un peligro para alguien mas.
Inevitable, tanta atención prestaba al suelo para no caer, que dejo de ver lo que tenía por delante. Ya no había parques y jardines, solo esa monótona franja de tierra que creía sendero.
Así, sin saber que estaba persiguiendo, terminó por sentirse mas seguro en suelos conocidos. Debe ser porque si no exploras, no te pierdes (pero quien no arriesga no gana).
El tiempo pasaba lento, y de aburrido empezó a acelerar. Tanto aceleró, que el reloj lo empezó a marear. Desorientado, casi sin saber hacia donde iba, decidió volver a caminar.
Encontró que era divertido ir mas allá de lo planeado, y cada día se fue animando un poco más. Debe ser que mas allá de las caídas hay razones para continuar.
Levantarse siempre fue difícil, eso no hay quien lo niegue. Hay que sanar las heridas, soportar el dolor, y recuperar el equilibrio. Ignorar los traidores que disfrutaron la caída.
La experiencia al menos le enseño a minimizar el impacto. La primera vez dolió mucho mas, pensaba como consuelo, sintiéndose así mas fuerte cada vez que tocó el suelo.
Al menos ya no caía dos veces en la misma piedra. Al caer la tomaba rencoroso y la arrojaba tan lejos como le fuera posible. Aunque así fueran un peligro para alguien mas.
Inevitable, tanta atención prestaba al suelo para no caer, que dejo de ver lo que tenía por delante. Ya no había parques y jardines, solo esa monótona franja de tierra que creía sendero.
Así, sin saber que estaba persiguiendo, terminó por sentirse mas seguro en suelos conocidos. Debe ser porque si no exploras, no te pierdes (pero quien no arriesga no gana).
El tiempo pasaba lento, y de aburrido empezó a acelerar. Tanto aceleró, que el reloj lo empezó a marear. Desorientado, casi sin saber hacia donde iba, decidió volver a caminar.
Encontró que era divertido ir mas allá de lo planeado, y cada día se fue animando un poco más. Debe ser que mas allá de las caídas hay razones para continuar.
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