Hace unos días vi en la tele una pelea de boxeo.
Claramente, de esas armadas para que el campeón tenga mas KOs en su cuenta, peleando contra "johny teconozco", el clásico rival que absorbe bien los golpes, pero de pegar, ni hablemos.
Transcurrían los rounds, y ninguno amagaba a salir de su función.
El campeón pegaba por acá y por allá, con la agilidad intacta.
El desconocido absorbía tantos y tan fuertes golpes, que cabria un poco de respeto. Al fin, que seguro ponía su cara por algunos billetes, aun sabiéndose sin posibilidades.
Cada golpe a la cara levantaba a todo el estadio, pero ni siquiera amagaba con tirar al desconocido.
En eso, por fin se rompió el argumento, y el campeón dio un gancho al hígado que dejo a su rival revolcandose en la lona. Por fin, un KO mas para el campeón, y el fin del sufrimiento del desconocido.
Aunque la verdad, me hubiese gustado verlo pararse.
Es que hoy vine a notar que en mi vida soy mas bien como el desconocido, absorviendo y absorviendo cada golpe. Que vamos a hacerle, al fin que hay quienes nacen "con cintura", y otros que simplemente nos conformamos con aguantar.
Que le voy a hacer, esta ultima semana fue un gancho al higado. Ahora estoy mas bien ya tocando la lona, tratando de recordar como respirar, para volver a pararme.
Lo bueno de ser guionista de mi vida, es que no me tengo que quedar en la lona esperando la cuenta. Mas bien estaba pensando en un final a lo rocky, con el ultimo esfuerzo sacar la mano matadora que deja sentado al rival.
Claro, rocky tenia un motivo, un amor, y voluntad. Sera que me falta escribir un poco mas.
martes, 18 de diciembre de 2007
sábado, 8 de diciembre de 2007
Ella estaba lagrimeando junto a la ventana. No la llegaba a ver bien, pero creo que ya reconozco esas cosas.
El contraste con mi felicidad tan trabajada me mantuvo inmóvil, aun si decidir si acercarme.
Habrá pasado un minuto, o quizás menos, y ya estábamos en clase de baile, con la calidad y calidez que nos tiene tan acostumbrados. Y yo entonces no entendí si admirar su profesionalismo, su voluntad o su esfuerzo.
Quizás fue mas fuerte el grito de la clave llamando al baile que el barullo que la tiene atormentada.
No creo que me considere un amigo, ni se siquiera hasta donde llega su confianza. Y por eso entiendo que no cuente que la tiene mal.
Pero es que hay personas que te encandilan, y el día en que les roban el brillo, pues todos desesperan por volverlas a encender.
Quisiera poder ayudarle. A veces ayudar es una charla, incluso a veces un monologo.
Hay veces que solo hace falta enhebrar la aguja, y dejar coser los parches, mirando simplemente que nadie se vaya a pinchar.
El contraste con mi felicidad tan trabajada me mantuvo inmóvil, aun si decidir si acercarme.
Habrá pasado un minuto, o quizás menos, y ya estábamos en clase de baile, con la calidad y calidez que nos tiene tan acostumbrados. Y yo entonces no entendí si admirar su profesionalismo, su voluntad o su esfuerzo.
Quizás fue mas fuerte el grito de la clave llamando al baile que el barullo que la tiene atormentada.
No creo que me considere un amigo, ni se siquiera hasta donde llega su confianza. Y por eso entiendo que no cuente que la tiene mal.
Pero es que hay personas que te encandilan, y el día en que les roban el brillo, pues todos desesperan por volverlas a encender.
Quisiera poder ayudarle. A veces ayudar es una charla, incluso a veces un monologo.
Hay veces que solo hace falta enhebrar la aguja, y dejar coser los parches, mirando simplemente que nadie se vaya a pinchar.
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